lunes, 14 de mayo de 2012

Capitulo 23: Hola vodka, adios dignidad


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   Me pare de golpe.
   Encendí las luces.
   No podría dejar que me aplastara. Simplemente, no podía.
   No era mi estilo, no era quien Roberto me enseño a ser; dejar que el dolor de apoderara de mi no era quien yo era,
   Para ser sinceros, no tenía tiempo. No tengo el tiempo para desmoronarme, que el dolor me aplastara. No tenía tiempo para nada. Tenía a una Doña Piedad que por ahora—hasta que su hijo regresara y con suerte su hijo mayor también—solo me tenía a mí.
   Tenía que esperar a Gustavo, Martin, Gabriel… todos los que se fueron. Tenía que esperar a Roberto—el único hombre al que tengo bien definido mis sentimientos—regrese.
   Tenía que arreglarme cara a cara con Alex y con él y sobre todo con el tenia que verme más fuerte que nunca. No podía dejar que me viera afectada por lo que me había hecho y lo mismo pasaba con Sebastián. No podía dejar que me viera tampoco afectada por sus palabras.
   Uno por sus acciones y otro por sus palabras pero el mismo resultado: hacerme daño.
   Mas del que me han hecho mi familia con cada golpe e insulto. Les llore demasiado a esas personas, a esas acciones y a esas palabras.
   Yo ya había superado ese periodo de mi vida. Había aprendido de ella a que no debo dejarme llevar por los sentimientos y sobre todo a ser fuerte. Y ahora más que nada tenía que poner eso en práctica, si no lo hago por mí al menos por Roberto que fue el que me dio ese gran empujón. El empujón de alzar la voz, de soportar cosas como estas.
   No tenía tiempo para desmoronarme, si lo hacía no iba a parar nunca. No tenía tiempo para mis emociones, sentimientos o pensamientos.
  No le iba a dedicar mis lágrimas a Sebastián.
  Lo que Alex hizo algún día lo superare. No lo justifico pero no sabía lo que hacía, no estaba en sus cinco sentidos. Sin embargo Sebastián si lo estaba. Las palabras duelen más que las acciones y ahí se demostraba.
   Me metí a la ducha, me senté en el suelo mientras sentía el agua tibia bajar por mi espalda. Sentía mis ojos pesados pero no quería dormirme, no quería nada.
   Después de un rato salí de la ducha en ropa interior y me escabullí a  la sala donde teníamos un trinchador; hay guardábamos todo el alcohol que teníamos y me robe una botella sin abrir de vino tinto.
   No lo iban a notar y si lo hacían me importaba una mierda.
   Me subí a mi habitación, me puse mis audífonos con la música a todo volumen que casi me reventaba mis tímpanos pero se sentía bien.








   Al siguiente día no quería existir. Me encontraba en mi cama boca arriba. Seguía en ropa interior. La botella de vino tinto estaba a mis pies completamente vacía y la resaca era la peor de mi vida. Hace tanto que no me emborrachaba así. Y nunca lo había hecho sola y por despecho… me sentí patética.
   La cabeza me martillaba como siempre después de ponerme ebria pero esta vez era peor porque me martillaba con recuerdos de la noche anterior. Me levante lento, sin querer hacerlo pero no quería seguir en mi lecho de porquería. Al salir me encontré a mi madre que me vio confundida al verme casi desnuda, con el maquillaje corrido, y la cara de resaca.
-          Niña estúpida—susurro demasiado fuerte.
-          Lo saque de usted—le escupí.
   Se dirigió a mi enojada pero yo le cerré la puerta del baño en la cara y me metí en la ducha con todo y brasier y bragas. Me quite el maquillaje con agua. Salí con no se qué toalla envuelta y en lo único que podía pensar era en ir por mi café de cruda.
   Sebastián se metió de nuevo en mi cabeza ya que el siempre me acompañaba a ese lugar.





     Me encontraba muy augustamente sentada en la misma silla en la misma mesa de siempre. La cafetería—entre comillas—tenia la misma clientela de siempre y la mayoría no se quedaba pues no era muy cómodo.
   El café hacia el mismo efecto que siempre y me calmaba el martillazo hasta considerarlo aceptable y soportable.
       Entre la fila de gente vi a El Borjas. Le sonreí sutilmente cuando también me vio. Después de unos minutos, y después de comprar su café se vino a sentar conmigo.
-          ¿Cómo estás?—me saludo
-          Bien
   Rio entre dientes
-          No parece
   Ahora  yo reí entre dientes
-          ¿Por qué?
-          Tienes cara de espantada—le puso azúcar a su café— ¿cruda?
   Asentí
   El Borjas era como el mejor amigo de Sebastián y tenía una curiosidad enorme de preguntarle si ya sabía—que era lo más probable—y que como se encontraba el.
   De seguro bien consolado por su novia, ni siquiera se ha de acordar de ti. 
-          Yo también la tengo—pensó por unos segundos—ayer…Sebastián me hablo a mitad de la noche.
   Mis ojos pasaron de ver al cielo de mira directo a los ojos avellana que tenia.
-          ¿Enserio? Qué bien—le di un sorbo a mi café
-          Al grano, ¿quieres saberlo o no?
Le di varias vueltas con el dedo a la tapa de mi capuchino
-          Si—me apene
-          Fui hasta a su casa y estaba furioso muy apenas y podía hablar sin que se pusiera rojo y no dejaba de mencionarte a ti y quien sabe cuántos hombres. Me pidió que llevara cervezas y él se acabo la mayoría—hizo una pausa— ¿Qué le hiciste?
-          ¡¿YO?! Mejor pregúntale que él me hizo a mi
-          El no tiene la culpa, Carolina.
-          ¿Y por qué dices eso?—pregunte algo molesta digo… claro que tiene la culpa.
-          Estaba cegado por los celos—dijo como si estuviera diciendo algo del clima
   Escupí mi café y comencé a toser.
-          ¿Qué?—dije cuando controle mi garganta.
   Bufo
-          Es más que obvio; digo—se encogió de hombros
-          ¿Celos? ¿seguro? Pero… ¿Qué clase de celos?
-          ¿Hay diferentes clases de celos?—comenzó a reír
-          Claro que los hay. Están los celos de familia como primos e hijos y padres. Los de amigos y … los de amor de pareja
   Borjas termino su café y saco un cigarro. Odiaba los cigarros pero no diría nada hasta que terminara de decirme esto.
-          Pues… para mi celos son celos. El significado de sentir que la persona que quieres pueda querer, preferir o simplemente hablar con otra persona que no seas tú—me miro sacando humo de su boca—no sé como tú lo veas con tus clasificaciones.
-          Eso no me dice nada, Alejandro—me cruce de  brazos
-          Te diré algo, solo porque tu pareces estar igual que el. Te extraña y demasiado, Carolina
   Me quede callada, volviendo a ver el cielo
-          No parece aparte… la tiene a ella
-          ¿Es más fuerte su orgullo que su amistad?
-          Claro que no pero… ¡me ofendió! Me ofendió como nunca imagine. Puedo soportar que mi mejor amigo defienda a alguien como ella pero no a tal grado de insultarme como lo hizo el. Me llamo horrible, lo odio.
-          Te digo que no estaba en sus cinco sentidos, igual que Alex. Y no lo odias. Lo quieres demasiado para odiarlo.
-          Si tanto me extraña… ¿Por qué dejo de hablarme?
   Suspiro
-          No sabría decirte
-          No, si sabes solo que no puedes decirme
-          Mejor tu contéstame—se llevo el cigarro a la boca y después saco el humo— ¿Por qué tu dejaste de hablarle?
-          Porque el dejo de hablarme a mi primero—me defendí
-          ¿No será que tu también estas celosa?
-          ¡¿Qué?!
   Comenzó a reír y tiro su cigarro ya terminado o como se le diga.
-          No tengo razones para estarlo—me puse a la defensiva.
-          Claro que si… tú lo quieres.
-          Claro que lo quiero si es mi amigo, o al menos eso pensé.
   Volvió a bufar
-          No de esa manera, Carolina. Más que amigos
-          ¿YO? ¿QUERERLO A EL?—bufe— ¡Claro que no! ¿Cómo puedes pensar eso?—casi gritaba.
   Llevo su ojo índice al ojo, como indicando que era más que obvio.
-          Pues te equivocas
-          Como digas, Carolina pero yo sé que es verdad.
-          Te equivocas—dije en un tono más enojado
   Se levanto de su silla
-          Ya me tengo que ir pero… piensa en lo que te dije y admítelo de una vez, pequeña—Borjas me decía así cuando nos conocimos, me arranco una leve sonrisa— Mira, se lo que sientes acerca de esa relación pero yo me aguanto por ellos, inténtalo tu también. Hablamos después.
   Me dejo hay con la duda de cómo es que el siente lo mismo que yo.
   Al día siguiente—que era lunes—y me estaba preparando para la escuela me preguntaba cómo iba a hacer para siquiera volver a mirar a los dos.
   Me tocaba clase de valores, alado de uno de ellos. Hoy iba a ser uno de los di asmas difíciles. Trate de que no se notara.
   Parece que Alex no fue—mejor para mi—pero después del descanso me tocaba la clase alado de Sebastián.
   Busque a Borjas y me lo encontré en el estacionamiento, encima de un coche y recargado en el parabrisas fumando tranquilamente un cigarrillo con los ojos cerrados.
   Me subí alado de él sin que lo notara
-          Hooooooooooooooooooooooooola
   El muchacho se sobresalto y me dio un ataque de risa
-          Hola Carolina—dijo entre risas—casi me matas de un susto
-          Ayer me dejaste pensando
-          ¿Sobre tus sentimientos hacia Sebastián?
-          Yo tengo bien definidos mis sentimientos hacia el—que lo quiero demasiado y quiero matarlo por cómo me hizo sentir… que dices Carolina tu lo odias—pero no es sobre eso.
   Borjas levanto una ceja, esperando
-          ¿A qué te refieres con eso de que tú sientes lo mismo que yo sobre esa relación?
   Borjas comenzó a toser, como que no quería hablar del tema
-          Si no me quieres decir no hay problema
-          Es muy complicado para mi decirlo
-          De acuerdo…
   Suspiro
-          Si te lo digo es solo para que también lo admitas tú, ¿de acuerdo?
   Asentí
-          Tengo sentimientos… algo fuertes por Samanta
-          ¡QUE!—grite—ni de chiste
-          Quieras bajar la voz—tiro su cigarro
-          ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué?—pregunte sin poder creerlo
-          Dejémoslo en que solo paso
-          ¿Sebastián sabe sobre esto? Porque no es muy bien visto que uno ande con la chava que le gusta a su amigo
-          Los únicos que sabemos somos tu y yo
-          Oh… gracias por la confianza
-          Misma confianza que espero que tu pongas en mi y admitas también tus sentimientos. No le diré nada a él, te lo prometo
-          Si confió en ti es solo que siento que no estoy lista para admitir mis sentimientos a alguien que no sea a mi misma o Edith
-          Aaaah… eso quiere decir que ya lo admitiste—me dedico una sonrisa de oreja a oreja
   Me eche a reír
-          En este momento no. No quiero ni topármelo ni nómbralo porque de verdad me hizo daño su comentario y su desconfianza. Pero la verdad no fueron sus palabras fueron que esas palabras salieron de él, ¿me entiendes? Así que lo que sea que sienta por el… no lo siento ahorita mismo; todo lo contrario.
   La campana sonó
-          Por ahora limítate a ir a tu clase de valores y enfrentarlo. Has una lista
-          ¿De?—pregunte confundida
-          Las razones por las cual lo odias, a ya tu sabes, haber cuando dices hacerlo—me guiño el ojo
-          Y tú también… razones por las cuales odias a ya tu sabes—me reí
-          Realmente no tengo muchas razones para odiarla a ella pero de acuerdo y exacto en una semana nos veremos aquí para leerlas
   Todos se empezaron a ir sus respectivos salones y Borjas me hizo el favor de acompañarme y darme una sonrisa de comprensión.
   La clase todavía no comenzaba pero la maestra ya estaba en su escritorio leyendo una revista. Me acerque a su lugar
-          Ehh… ¿maestra?
   Bajo lento la revista y me miro otra vez de sus anteojos. Waki, ya estaba algo vieja y desgastada. Me arqueo la ceja en forma de respuesta
-          ¿Me podría hacer el favor de cambiarme de lugar?
-          ¿Y porque te quieres cambiar de lugar? ¿Qué tiene de malo el tuyo?
   Lo dijo tan fuerte—casi gritando—como si supiera todo y lo estuviera haciendo apropósito. Lo dijo tan fuerte que todos callaron, creyendo que la clase había comenzado. Pero siguieron callados incluso cuando se dieron cuenta que no. Y yo les daba la espalda pero sentía algunos ojos clavados en mi
-          Es un poco incomodo—dije en voz baja—solo, ¿si podría cambiarme?
-          No—dijo tajante mientras sus ojos volvían a la revista
-          Pero…
   La vieja me chito.
   Hija de su madre…
   Enojada—pero tratando de que no se me notara—me di vuelta y me di cuenta que la mayoría no me veía a mí sino a Sebastián que lucía demasiado incomodo y quería sordearse de la situación
   Claro, los mejores amigos de la escuela. Las personas que fueron testigos de ver cómo nos convertíamos en amigos inseparables ahora volvían a ser testigos de cómo alguien—una zorra—arrancaba la unión que teníamos.
   Incomoda y no saber para donde mirar me fui directo a mi asiento. Me senté lo más lejos que pude de el,  como quiera desde esa distancia me llegaba su delicioso perfume
   Lista: las cosas que odio de el
1.     Su olor
   Y la maestra comenzó su clase. 

1 comentario:

  1. me encanto!!!!
    dios esperaba estos caps eternamente! lamento no haber comentado el anterior pero es que estuve un poco alejada de blogguer pero ya volvi ^^ pobre Caro Sebastian realmente se pasó!
    plis publica pronto
    besos
    cuidate

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